1 de noviembre de 2011

Arte y anarquía (Fundación Anselmo Lorenzo, 1989)

Sinopsis
Documental producido por la Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, con guión de Emilio García Wiedemann, que pretende ser un relato sobre las consecutivas vanguardias artísticas (postimpresionismo, expresionismo, futurismo, dadaísmo, surrealismo...) en relación con los movimientos anarquistas y en debate consigo mismos sobre el rol del artista en la transformación de una sociedad coactiva y deleznable. Imágenes de las obras de decenas de artistas y citas esenciales de manifiestos y ensayos dan forma a esta obra.

Ficha técnica
  
Título original
Arte y anarquía
Año
1989
País
España
Género
Documental
Idea original
Fabio Santini y Marina Padovese
Guión
Emilio García Wiedemann
Duración
34 min.
Reparto
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Comentario

“Arte y Anarquía”, documental de la Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, aborda diversas tendencias artísticas, desarrollando, principalmente, las de comienzos del siglo XX, como el dadaísmo y el surrealismo. No obstante, antes discute en torno al rol del arte, basándose en pensadores anarquistas como Jean Grave o Piotr Kropotkin, señalando, ante todo, una clara postura que buscaba romper con los cánones de arte convencional. Dicha ruptura tiene que ver con la libertad del artista – la “libertad creadora”, diríamos – y su compromiso no sólo con la realidad, sino, también, con el ideal futuro. Esto implica, también, preguntarse acerca de la estética (Oscar Wilde es bastante claro en este aspecto). Esta discusión preliminar – quizás lo más indispensable de todo – nos habla de los principios de la estética anarquista, sus aspiraciones y propósitos. Es por esto que hemos optado por complementar “Arte y anarquía” con este breve capítulo, titulado “El arte y la literatura”, del libro “La ideología anarquista” del filósofo argentino Ángel J. Cappelletti [las imágenes son del documental]:

El arte y la literatura

La estética anarquista se desarrolla sobre dos principios fundamentales: 
1) La concepción del arte como libertad creadora y 2) La idea del arte como expresión de la vida del pueblo. 
Por una parte, al concebir al hombre como un ser que trabaja, no deja de concebir al trabajo como creación y como autorrealización de la esencia humana. En la medida en que todo trabajo, despojado de su condición alienante, de su carácter servil y puramente mecánico, implica la acción intelectual y espiritual del hombre y traduce su personalidad al mismo tiempo que la configura y la crea, todo trabajo es creación artística. Sólo las clases dominantes y el Estado, al explotar en provecho propio el trabajo, han hecho de él una carga y una maldición.
En una sociedad sin clases y sin Estado no habrá mayor fuente de gozo y de alegría que él, ya que allí se identificará plenamente con la creación artística. 
De esta manera, para el pensamiento anarquista, todo hombre y todo trabajador es un artista, con lo cual afirma una vez más, como dice Reszler, «la soberanía de la persona, o mejor, el derecho inalienable del hombre a la creación». Por una parte, los estetas del anarquismo (entre los que no dudamos en incluir a Oscar Wilde y a William Morris) critican acerbamente en el arte de la época industrial y capitalista el condicionamiento de la labor creadora del artista y la subordinación de su obra a los fines mezquinamente utilitarios de la burguesía. Por otra parte, ya desde Godwin, atacan el culto de la genialidad artística y la autoridad del «gran poeta». Tan nefasta les parece la trivialización del arte por parte de la sociedad burguesa y la prostitución del artista en manos del capitalismo como la idea romántica y parafascista del artista como líder (lo cual equivale a decir del líder como artista). 


En todo caso, el ideal del gobierno del poeta o del artista es, para ellos, tan inadmisible como el del gobierno del filósofo o del sabio. Más aún, hasta el poder informal (pero muy real y efectivo) de la «gran obra de arte» y del «gran artista» deben ser combatidos como manifestación de una dictadura del gusto y como rémora al surgimiento de nuevas formas del arte. 
Muchos teóricos anarquistas (Kropotkin, Rocker, Landauer, etc.) han señalado que la decadencia profunda del arte en Occidente coincide con el surgimiento del individualismo burgués y la consolidación del Estado nacional, a comienzos de la Edad Moderna. En este momento, la obra de arte deja de ser expresión de una comunidad viviente; aparece el artista como un ente privado, como un solitario; no se pinta ni se esculpe para la catedral o para el mercado sino para la cámara del duque o para el aposento de la querida del rey; la poesía no se recita en los atrios y las plazas sino que se escribe para ser leída en lo recóndito de una biblioteca. 
Kropotkin exalta, por eso, como modelo del arte auténtico, el de las antiguas ciudades griegas y, sobre todo, el de las libres comunas medievales. Son memorables las páginas que dedica, en El apoyo mutuo, al arte de las catedrales, «resultado de la experiencia colectiva reunida» y «expresión de una gran idea». 
La autenticidad de este arte traduce, para él, la autenticidad de una organización social (de la ciudad libre) que puede describirse como una federación de gremios y guildas, en base a la idea de la ayuda mutua, ajena a toda verticalidad gubernamental y a toda autoridad estatal propiamente dicha. Rocker generaliza, en Nacionalismo y cultura, la concepción kropotkiniana y desarrolla la tesis de que en toda la historia hay una relación directamente inversa entre arte y poder estatal. El arte más elevado y puro, el más genuino y creador, se da allí donde el Estado y el gobierno están reducidos a un mínimo, como en la Grecia clásica y en el Medievo de las ciudades libres. 


Para Kropotkin, una época como la nuestra, en que está planteada una lucha a muerte entre explotados y explotadores, entre oprimidos y opresores, entre trabajadores y capitalistas, el arte sólo puede aspirar a ser auténtico mediante el compromiso con la causa del pueblo.
En su célebre folleto A los jóvenes, apela al artista «en medio de este mar de angustia cuya marea crece en torno a ti, en medio de esa gente que muere de hambre, de esos cuerpos amontonados en las minas y esos cadáveres mutilados yaciendo a montones en las barricadas... tú no puedes permanecer neutral; vendrás y tomarás el partido de los oprimidos, porque sabes que lo bello y lo sublime -como tú mismo- está del lado de aquellos que luchan por la luz, por la humanidad, por la. Justicia.» 
Es evidente, sin embargo, que este «compromiso» que Kropotkin exige al artista de nuestros días no implica ninguna limitación preceptiva y dogmática ni tiene nada que ver con el después llamado «realismo socialista». 
En general, puede decirse que Kropotkin considera el realismo naturalista (de Zola, por ejemplo) como un arte burgués, donde la anatomía de la sociedad aparece en toda su crudeza, disociada de los ideales éticos y sociales. Si hubiera llegado a conocer el «realismo» del arte staliniano, su juicio hubiera sido más severo y no hubiera dejado de ver allí la más perfecta síntesis de la trivialidad con el servilismo. 

[Extraído de: Angel J. Cappelletti, La ideología anarquista. Santiago de Chile, Ediciones Espíritu Libertario : 2004. Págs. 51-53].


A lo largo del documental se exhiben decenas de cuadros de artistas tales como Millet, Valotton, Luce, Courbet, Daumier, Steilein, Munch, Boccioni, Duchamp, Matta, Miro, Ernst, entre otros. 
La calidad del video es VHSRip: este ripeado lo realizó el sitio web  Contranatura (http://contranatura.org), por lo que a ell@s debemos nuestros agradecimientos.

Datos del archivo 

Idioma
Español
Resolución
720x544
Calidad
VHSRip
Formato
AVI
Tamaño
349 GB

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